Todos hemos experimentado esa sensación universal de no querer hacer ejercicio. Después de un largo día de trabajo o escuela, correr una milla o levantar pesas no suena muy atractivo. Pero decides ir al gimnasio de todos modos y, al terminar, sientes un aumento instantáneo en tu estado de ánimo. ¿Por qué sucede esto?
Después de un día agotador, la mayoría de nosotros nos sentimos cansados, desmotivados y abrumados. Aunque podríamos preferir tumbarnos en el sofá y ver nuestra serie favorita en Netflix, un viaje al gimnasio puede hacernos sentir mucho mejor. Todo comienza en el cerebro.
Cuando hacemos ejercicio, nuestro cerebro se estimula y, como resultado, la glándula pituitaria y el hipotálamo liberan endorfinas. Las endorfinas son neurotransmisores, hormonas naturales capaces de reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo y el bienestar general. Estas se producen en diferentes partes del cuerpo, incluyendo el cerebro y la médula espinal, antes de ser liberadas. A menudo se comparan con los analgésicos porque pueden reducir la percepción del dolor y actuar como sedantes. Esto puede sonar similar a los efectos de drogas como la morfina, pero el ejercicio no tiene los efectos nocivos ni genera adicción como esas sustancias. Este fenómeno se relaciona con lo que muchos llaman el “subidón del corredor”, una sensación de euforia y energía que muchos corredores experimentan al ejercitarse.
El ejercicio no solo mejora la salud física, sino que también puede tener un impacto positivo en la salud mental, incluyendo:
- Reducción del estrés
- Aumento del estado de ánimo
- Mejora de la autoestima
- Mejor calidad del sueño
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